CENTRO DE INICIATIVAS CULTURALES DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA
[...] De unos años aquí se ha hablado de fiebre del fotolibro, y hay que tener pocas ganas de husmear para no aceptar que si hay un género -artístico, editorial, literario-que vive una época dorada es la del fotolibro, si bien parece complacerse, entre sus señas de identidad, en la de no tratar de alcanzar a las multitudes, la de convertirse, casi en el mismo día de su aparición, en objeto para coleccionistas, con el consiguiente peligro de producir un innumerable ejército de objetos más o menos bonitos pero cada vez más «pompiers», más decorativos pero menos sustanciosos. Le pasa hoy al fotolibro -término que fue utilizado por primera vez en la Bahuaus y que Horacio Fernández define sin miramientos como «un libro con fotos»- lo que en su momento de mayor efervescencia le pasó a la novela: huir de la hartura de contar historias llevó a la producción de piezas invertebradas en las que ni siquiera se oía el canto de protesta que las emulsionaba. Hasta que la relidad, antes o después, vuelve a encajar las cosas en su sitio y hace envejecer prematuramente lo que se consideraba novedoso mientras aquello que por un tiempo padeció la etiqueta de avejentado sigue conservando intacta su frescura. [...]