WIZENBERG, MOLLY
TABLA DE CONTENIDOS
Agradecimientos
Introducción
Cómo usar las recetas de este libro
Un punto de partida: Ensalada de patata de Burg
La repostera de la familia: Bizcocho cuatro cuartos de frambuesa y arándanos
Necesidad de calma: Pan de plátano con chocolate y jengibre confitado
Una década muy caótica - Coeur à la crème con coulis de frambuesa
Una ciencia sin cálculo - Tostadas francesas a la manera de Burg
Mejor con chocolate - Cupcakes con cobertura de chocolate negro
El ganador inesperado - Ciruelas pasas con cítricos y canela
Una panda de siete: Pastel Hoosier
La boule miche: Pan y chocolate
Extraña manera de alcanzar la mayoría de edad: Tortitas de trigo sarraceno
El punto de bola dura: Bizcocho de jengibre con peras caramelizadas
Una cronología personal muy particular: Bolas de frutas secas. Tofe de café y nueces
La respuesta correcta para todo: Bizcocho de buttermilk con naranjas glaseadas
Algo espectacular: Galletas de coco con ganaché de chocolate
El sabor que tendría Francia: Bouchons au ton
El mejor de todos los mundos posibles: Tarte tatin
Momentos estelares: Ensalada de pan, cerezas, rúcula y queso de cabra
El paraíso: Ratatouille de berenjena asada
Domingo, 9:00 A.M.: Tortitas Dutch baby con limón y azúcar
Galletas rosas de Jimmy
Huevos de la gruta italiana
El moteado: Pastel de frutas secas. Pastel de crema de ron con corteza de galletas Graham
Eres lo que amas: Sopa de Ed Fretwell
El verano del cambio: Albóndigas con piñones, cilantro y pasas sultanas
La mar de perfectos: Scones escoceses con limón y jengibre
Prometed compartir: Salmón glaseado con sidra
Con mucha nata: Repollo verde estofado
Felicidad: Tomates asados a fuego lento con cilantro. Pesto de tomates asados
Pasito a pasito: Tarta francesa de yogur al limón
Como incienso: Chutney de arándanos con jengibre confitado y cerezas secas
Delicioso a su manera: Rábanos con mantequilla y flor de sal
Turbulencias en el camino: Ensalada de col lombarda con limón y pimienta negra
Puntos extra: Crema de calabaza con pera, sidra y vainilla
Solo para herbívoros: Chana masala
Un juego especial: Ensalada de hinojo con pera asiática y parmesano
Los diamantes: Ensalada de primavera con aguacate y queso feta
Las sugarhouse: Pan de maíz relleno de nata
Esa cosa llamada cambio: Sopa de tomate a los dos hinojos
Bonne Femme: Escarola rizada con jamón, huevos y vinagreta de mostaza
Mucho mejor: Coliflor caramelizada con salsa verde. Fideos de calabacín con pesto
Algo importante: Pastel de pistacho y albaricoques con miel
Fotograma congelado: Helado de vainilla y pimienta negra
La fábrica de encurtidos: Zanahorias picantes encurtidas con ajo y tomillo. Uvas encurtidas con canela y pimienta negra
Tan sencillo: Ensalada de rúcula con pistachos y chocolate
Aprendí a no preocuparme: Tortitas de maíz con beicon, tomate y aguacate
Robacorazones y almas: Tarta nupcial.
Un paseo por la vida a través de lo culinario.Cuando el padre de Molly Wizenberg murió de cáncer, ella decidió que su vida tenía que dar un cambio y se fue a París, donde había viajado con su padre de niña. Recordaba sus paseos matutinos en las calles del Barrio Latino y el sabor de su primer pain au chocolat, así que se encontró de nuevo mirando escaparates de pastelerías, catando quesos en mercados al aire libre y leyendo libros de cocina. Ahí decidió comenzar a escribir su blog Orangette, que enseguida consiguió decenas de miles de lectores devotos. Uno de ellos, un músico neoyorquino llamado Brandon, se quedó prendado de la autora de Orangette y decidió entrar en contacto con ella. Comenzaron una relación a distancia que acabó en matrimonio y en la apertura del restaurante Delancey en Seattle.Un hogar en la cocina es la primera gastromemoria de Molly Wizenberg, y en ella selecciona los textos y recetas más apetitosos de su blog. La autora entrelaza recetas de cocina con historias personales en las que aparecen su familia, sus amigos y sus amores, ya sean estables o efímeros. Para Wizenberg, las recetas son mucho más que una lista de ingredientes: ella sabe que hay una historia de vida detrás de cada una y que su misión es compartirla con sus lectores.La autora consigue que los lectores la conozcamos y entremos en su día a día únicamente a través de su relación con la comida. Gracias a ella redescubrimos el gran potencial de lo alimenticio para crear vínculos y recuerdos.Desde los picnics de su niñez en Oklahoma hasta la ensalada de patata de su padre, la comida y los recuerdos están íntimamente relacionados. Al leer sus textos, cuesta decidir si sentarse cómodamente a devorar sus historias, o si salir al mercado a llenar la cesta para elaborar el salmón glaseado con sidra o el pan de plátano con chocolate y jengibre confitado.Un libro que ha de estar presente tanto en los estantes de la biblioteca como en la cocina.Las instrucciones de Wizenberg se van entrelazando por medio de una voz encantadora que proporciona un claro equilibrio con los pasajes reflexivos. Su fuerte personalidad destaca entre las voces culinarias de su generación. Publishers WeeklyMollly Wizenberg, una joven apasionada por los dulces y los adverbios, es una aspirante al tono de M. K. Fisher. Su blog Orangette es un informe genial y cuidadosamente escrito sobre comer y vivir. New York TimesNo solo su escritura es una delicia: también lo son sus recetas. New York Journal of BooksLos blogs dicen [El libro de Molly Wizenberg] Es una caja de bombones sofisticados ante los que sonríes y haces gestos al ir descubriendo de qué está relleno cada uno. goodfoodstories.comHistorias ingeniosas, poéticas y frescas que capturan en cada frase las emociones del momento y su significado. vanillagarlic.com